En el mapa gastronómico de México, cada ciudad presume un sabor que la distingue. En Ciudad Juárez, ese lugar privilegiado lo ocupan las tortas de colita de pavo, un platillo singular que, hasta ahora, sólo he probado en esta frontera y que desconozco si exista en otras partes del país.
La preparación comienza con la colita de pavo, pieza que ya ha sido cocida previamente y que, al momento de armar el lonche, se fríe en la plancha hasta quedar dorada y crujiente. Acto seguido, se coloca dentro de un pan blanco, generoso y suave, que sirve de base para recibir las capas de aguacate fresco, lechuga crujiente y chiles curtidos, imprescindibles para equilibrar la untuosidad de la carne. La experiencia no está completa sin el acompañamiento de una soda, de preferencia de manzana, que refresca y resalta cada bocado.
Las tortas de colita de pavo son un manjar a cualquier hora del día: desayuno sustancioso, almuerzo rápido o cena contundente. Sin embargo, encuentro en el atardecer juarense el momento perfecto para disfrutarlas. Ese instante en que el cielo se tiñe de tonos naranjas, rosas y morados —colores únicos de esta frontera— añade un matiz irrepetible al ritual de la degustación.
Más que un alimento, las tortas de colita de pavo representan un símbolo de identidad culinaria para Ciudad Juárez. Son un recordatorio de cómo la cocina popular transforma ingredientes modestos en expresiones culturales que definen a una comunidad.

Foto de: José Villarreal @ShillAKill
